En otoño no solo se caen las hojas de los árboles

Nunca me ha gustado el otoño. No sé la razón. Supongo que por eso de los días son más cortos, lluviosos y que vienen justo después de los de verano. No me gustan nada los meses de octubre y de noviembre. Soy así. Es una estación que invita a quedarse en casa con una manta y una taza caliente, y poco más. Es el momento de ver por la ventana como cambian los colores de los árboles, cómo el suelo se cubre de hojas secas y cómo el ambiente se llena de calma.

Y para colmo, durante muchos años, esta época del año también me trae algo que no tenía nada de poético, la caída del cabello.

Es cierto que al principio no le di importancia. Pensé que era normal ver algunos pelos en la ducha o en el cepillo. Pero un día, mientras me recogía el pelo frente al espejo, noté que el volumen ya no era el mismo. Mi melena, que antes era fuerte, al estilo de una leona, se veía más fina y apagada. Y como nos suele pasar a las mujeres, pues llega al drama, pero en esta ocasión, con razón.

Durante los meses de septiembre y octubre, mi pelo parecía tener vida propia. Cada vez que lo cepillaba, veía más y más mechones sueltos. Me daba cosa, porque siempre había cuidado mucho mi cabello, y sentir que lo estaba perdiendo me afectaba más de lo que quería admitir, porque vivo de mi imagen, y eso duele

Leí en un artículo en Internet que lo de que se caiga el pelo en otoño es algo natural, que todos perdemos entre 50 y 100 cabellos al día, y que en otoño esa cifra puede aumentar. Pero en mi caso, la caída era mucho mayor. Ya os digo yo que muchos más de esos pelos.

Y como suele ocurrir en estas cosas, probé de todo. Empecé con los suplementos, luego las ampollas, pasando por las mascarillas caseras. Algunos parecían funcionarme unos días, pero enseguida todo volvía a ser igual. El pelo se caía por todos los lados.

Un día, hablando con una amiga que siempre tiene el cabello impecable, le conté mi problema. Ella me dijo: “Tienes que probar el champú que uso yo. A mí me cambió el pelo”.

No le di demasiada importancia al principio. Ya había probado tantos productos que dudaba que uno más pudiera marcar la diferencia. Pero como me insistió tanto, decidí probar el champú de Mooonpello que me había dicho. Y fue, sin exagerar, una de las mejores decisiones que he tomado para mi cabello.

Me sorprendió desde el primer uso. La textura era cremosa, pero ligera, y lo que más me llamó la atención fue cómo dejaba el pelo limpio y bien suelto, como siempre me ha gustado.

Con el paso de los días, empecé a notar pequeños cambios. Por ejemplo, mi cabello estaba más fuerte, menos quebradizo. Y, lo más importante, la caída comenzó a disminuir. Ya no encontraba tantos cabellos en la almohada ni en el cepillo. Empecé a recuperar mi confianza, esa sensación tan bonita de pasar los dedos por el pelo y sentirlo sano.

Mi nuevo ritual

 

A partir de ese momento, decidí tomármelo en serio y crear una rutina capilar. Como esa persona que va al gimnasio, pues yo en mi caso con mi pelo.

Ahora, una o dos veces por semana, me regalo un masaje capilar. Son de esos pequeños placeres de la vida. Al masajear suavemente el pelo, se me activa la circulación, y eso hace que los folículos pilosos reciban más oxígeno y nutrientes. Vamos, que es como acudir a un masajista de esos que están en los spa.

A veces lo combino con un poco de aceite natural, que dejo actuar antes del lavado. Esto prepara el cuero cabelludo y potencia el efecto del champú.

Y una vez a la semana, lo que hago es preparar mi mezcla favorita. O lo que es lo mismo, triphala y fenogreco. Dos palabras que seguro que te suenan a chino, pero que son vitales para las personas que se nos cae el pelo.

Es una combinación de origen ayurvédico. La triphala limpia y fortalece desde la raíz, mientras que el fenogreco hidrata en profundidad y evita la sequedad. ¿Cómo te quedas? La verdad es que es un tratamiento sencillo, pero el resultado vas a flipar con ello.

Con el tiempo, fui comprendendido que la caída del pelo no siempre es un problema, sino una señal de que algo está pasando en tu cuerpo. Como alguien que te avisa, y esto está bien.

Y hombre, no creo que el otoño sea ahora mi estación favorita, sigo queriendo más al verano, pero es cierto que hasta veo algo bonito en esto de que se caigan las hojas. Mientras no sea mi pelo…

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