
Esa sensación de frío en el estómago cuando pasas por encima de un bache malformado o un tornillo perdido en el asfalto es universal. Escuchas el impacto, esperas unos segundos y ahí aparece el testigo en el cuadro de mandos o ese siseo constante que confirma el desastre. No es solo el inconveniente de quedarte tirado en el arcén, sino













