La Albufera de Valencia

Valencia, tierra de arena y mar. Cuna de la horchata y la paella, madre de las chufas y el arroz con los que elaboran esos típicos manjares. Valencia es sinónimo de diversión, de paz, de días de playa y noches de farra. Valencia es sinónimo de buen comer y por supuesto, de naranjas. Inconfundibles los paseos con sus hileras de naranjos que te acompañan de la ciudad, al mar.

En Valencia puedes ser turista aunque vivas en la tierra y por tanto, disfrutar de todas las ofertas de ocio que ofrece. Las posibilidades de esta tierra, son infinitas, tanto para el oriundo como para el forastero.

A parte de contar con la Ciudad de las Artes y las Ciencias, en plena ciudad y a escasos metros del mar, o tener playas idílicas a pocos pasos del casco urbano, cuenta con uno de los humedales más grandes del país. Este gran lago de veinticuatro kilómetros cuadrados y un escaso metro de profundidad, compone en si mismo un ecosistema.

Los amigos de Paseos en barca el Bessó, recomiendan recorrer este lagar en barca y bordear su orilla para adentrarse en un mundo natural sin parangón. Cruzar este inmenso lago en una barca o bordearlo a pie, o en bici, es una experiencia única. Tanto el paraje de una belleza insólita, como la fauna y flora que se puede observar, es de gran atractivo para el ecoturista.

Un dato interesante sobre este lago que se separo del mar durante la época romana (según datos), es que se va viendo reducido en dimensiones de manera constante. Con esa reducción física del entorno, se ha visto reducida también la fauna y flora de la zona.

Igualmente, su riqueza sigue siendo inmensa y merece la pena, visitar este paraje y conocer la Albufera y todo lo que ofrece. Desde un clima mediterráneo suave que facilita adentrarse en ella en cualquier época del año hasta la posibilidad de observar a las aves migratorias que por allí pasan.

La riqueza biológica de este lugar deja estampas de una belleza sin igual.

El arroz, como en la Albufera en ningún sitio

Si alguien sabe de arroz, es Valencia, no en vano, la Albufera es el lugar donde crecen los arrozales más emblemáticos de España. Esos arroces que llegan a la mesa en forma de paella, según la tradición gastronómica de la tierra.

Ya lo decíamos al principio, Valencia, es sinónimo de arroz (entre otras muchas cosas) y la Albufera, es la cuna de ese arroz. ¿Por qué? Pues sencillamente porque las condiciones necesarias para el cultivo del arroz se dan en esta zona de Valencia. Estos cultivos, necesitan mucha agua para crecer. Las albuferas, son los mejores entornos para desarrollar estos cultivos y conseguir los mejores arroces.

Las fases del cultivo son varias y han de hacerse en una época concreta del año para que el arroz tenga la mejor calidad.

De marzo a abril se prepara la tierra y se procede a inundar los campos de arroz. En la antigüedad, eran los animales quienes se encargaban de remover y arar la tierra para dejarla preparada antes de anegarla con el agua del lago. Actualmente, esta tarea se lleva a cabo mediante el uso de maquinaria especifica.

En el mes de mayo se procede a la siembra. En este momento el campo esta listo y totalmente anegado, para recibir las semillas de arroz que antes, esparcía el hombre y hoy, lo hace un tractor.

Durante los meses de junio y julio se procede a cubrir las calvas que presente el campo. Esto quiere decir que uno o dos agricultores, realizaran trasplantes en las zonas donde no cayeran semillas y queden descubiertas

En julio y agosto se eliminan las malas yerbas que impiden un correcto desarrollo en el crecimiento del arroz.

De septiembre a octubre, cuando el arroz esta listo, se produce la siega y recolección. Una vez finalizada la siega, se prepara la tierra para el barbecho, se deja anegada y su finalidad durante los meses que quedan hasta el siguiente cultivo, pasa a ser zona de caza o espacio avícola.

Este es el método de cultivo del arroz, cuya mayor particularidad son las condiciones en las que se desarrolla el cereal.

Una propuesta diferente, es visitar esos arrozales cuando esta en pleno auge su desarrollo. Disfrutar de los campos de arroz desde la Albufera, propiciará las ganas de degustar una de esas paellas con nombre propio y cuyo sabor, se debe no solo al arroz, también se debe a la propia agua de cocción.

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