Hemos cambiado

Hemos cambiado

He cambiado, eso lo tengo más claro que el agua, lo que no sé es si achacarlo a mi madurez o a la pandemia. Personalmente opto más por lo segundo, más que nada porque un en un año ni mis neuronas ni mis células han podido madurar demasiado, pero para estar segura deberé esperar a que pase todo esto de una vez, y de verdad, y comprobar si sigo pensando del mismo modo en el que lo hago ahora o vuelvo a mis gustos anteriores.

Voy a hablaros de mí, pero he comprobado que todo lo que os voy a decir se puede extrapolar a una gran parte de nuestra sociedad y por eso es importante. Ni yo, ni lo que pienso, ni lo que me gusta ahora o ha dejado de gustarme de un año a esta parte tienen importancia, pero cuando las tendencias no provienen de una sola persona, sino de muchas, entonces ya todo empieza a cobrar mayor fuerza.

Pensad por ejemplo en una empresa de moda, una especie de Inditex o algo similar. Si yo, como agente individual e independiente (y diez más como yo) empezamos a utilizar un zapato de cada color nadie nos hará caso, pero si esa moda empieza a generalizarse y en lugar de ser 10 somos 10.000 los que empezamos a lucir este look por la calle probablemente esa empresa de moda empezará a fijarse en nosotros y cuando hayamos paseado mil veces con nuestros originales zapatos y le hayamos empezado a pegar la idea a 10.000 personas más es cuando esa empresa de moda que nos miraba de reojo empezará a sacar una línea de calzado elegante, calzado casual y zapatillas en la que cada pareja del modelo de calzado tendrá un color o una tonalidad distinta. ¿Y por qué? Pues porque cualquier empresa, sea del sector que sea, lo que quiere es ganar dinero, y si esa nueva moda vende le interesa, así de simple.

Si extrapolamos esto a cualquier ámbito podremos hablar de cualquier tipo de comportamiento que como sociedad estemos teniendo y vislumbrar lo que podrá ser moda, o tendencia, en los meses u años venideros.

Pues bien, yo he dejado de querer ser tan activa y me gusta pasar más tiempo en casa, o paseando, o de relax (lo que sea sin agobios) y quiero cambiar mis vacaciones alocadas de fiesta en fiesta e incluso mis vacaciones culturales de monumento en monumento sin parar, por unas vacaciones tranquilas, relajadas e incluso con el mayor silencio posible.

Será la edad

“¡Será la edad!” esa es la frase que me repetía al principio, más que nada porque son muchas las personas que te dican a lo largo de tu vida eso de que cuando maduras ya no tienes tantas ganas de fiesta y te vuelves un poco más casera, o casero. Pero creo que este no es el caso. Yo no he madurado en un año y no se trata de que ya no me gusten las fiestas, porque sí me gustan, de lo que se trata es de que he aprendido a valorar eso de llevar una vida mucho más zen que antes y ¿sabéis qué? me gusta.

La pandemia me obligó a parar, a mí y a todos obviamente, primero en seco, luego simplemente a relajar la velocidad y el caso es que ahora no quiero volver a subirla. He pasado de empezar con las quedadas con amigos y familiares el viernes por la tarde y no parar hasta el domingo bien entrada la noche, a querer días completos para mí en la soledad de mi casa con un bote de palomitas y un buen libro, o una buena película de streaming. He pasado de estar deseando que llegase el sábado para salir de fiesta a las doce de la noche y volver a las seis de la mañana a pensar en que ojalá pudiéramos quedar como antes para invitar a tres o cuatro amigos a cenar en mi casa, echarnos una risas hablando y tomarnos una buena copa antes de retirarnos a una hora buena para poder levantarme el domingo a tiempo de poder aprovechar la mañana. No se trata de madurez, se trata de lo que ahora me gusta, de lo que ahora me apetece, de lo que este confinamiento me ha hecho valorar.

¿Me he vuelto una persona solitaria? No lo creo. Sigo teniendo ganas de quedar con mi gente solo que no quiero hacerlo a todas horas. No tengo ganas de ir de un sitio a otro corriendo, mirando el reloj, porque he quedado con demasiadas personas la misma tarde, y me apetece más verles a todos para salir a pasear, tomarnos una cervecita en una terraza o incluso hacer una quedada para visitar un pueblo cercano que quedar para salir de fiesta a un pub lleno de gente y ruido. He cambiado, la pandemia me ha cambiado.

Es como si al parar de golpe y al haberme obligado a respirar pausadamente me haya dado cuenta de que esto me gusta, y antes no lo sabía porque no lo había probado.

Estoy deseando que esta pesadilla del Covid19 acabe, que podamos quedar como antes, hacer planes como antes y llenar las calles de vida como antes, lo que pasa es que tal vez yo ya no planee las mismas cosas.

La semana pasada estuve buscando en el Ruralzoom, el buscador de turismo rural, una casita donde pasar un fin de semana con algunos amigos, dentro de mi comunidad pero en un espacio donde la naturaleza sea el principal paisaje porque estoy hasta las narices de ver asfalto en todas partes. Acabamos eligiendo Pazo Cibrán, un alojamiento rural cerca de Santiago de Compostela, un pazo gallego enorme en el que prometen entornos maravillosos y mucho silencio ¿y sabéis qué? Somos 3 chicas y 5 chicos cuya media de edad está en los 33 años y lo que nos apetece es hacer senderismo, estar al aire libre, pegarnos unas risas y relajarnos en un entorno tranquilo. ¿Somos raros? Yo creo que no, yo creo que, simplemente, hemos cambiado.