Cuidados y personal especializado contra el Alzheimer

Cuidados y personal especializado contra el Alzheimer

Una de las enfermedades que más relacionada está con la edad es el Alzheimer. El Alzheimer no es duro únicamente para quien lo padece, sino también para sus familiares. Y lo es porque no resulta agradable ver cómo alguien a quien se quiere empieza a perder memoria y a olvidar las caras de sus familiares. Anímicamente, esta situación es demoledora.

Los datos acerca del número de afectados en España los sitúan entre los 600.000 y 1.200.000. Somos uno de los países que más sufre este tipo de trastorno y la situación empeora si tenemos en cuenta que, según revela este artículo del diario El Mundo, el 94% de los afectados es tratado por su propia familia. Es importante alertar a todo el mundo del peligro de una situación como esta; el paciente debe estar tratado por los mejores profesionales en la materia.

Por desgracia, he tenido que ser testigo de cómo los efectos del Alzheimer desgastan poco a poco a varios de mis familiares. En primer lugar, mi abuelo padeció esta enfermedad allá por los años 70. Por aquel entonces, en España no teníamos ni el material ni los profesionales adecuados para conseguir tratarla por lo que, después de todo, mi abuelo murió sin acordarse de nuestras caras.

En la actualidad, es mi madre quien sufre este terrorífico trastorno. Para esta ocasión, hemos sido tanto mi hermana como yo los principales responsables de su salud. Por eso nos habíamos encargado de su traslado hasta nuestras respectivas casas (seis meses a la de uno y los otros seis a la del otro). Sin embargo, pensándolo mejor nos dimos cuenta de que, con los profesionales que existen ahora en España, quizá nuestra madre estaría más cómoda y mejor tratada en otro lugar.

Mi hermana me propuso trasladarla a una residencia geriátrica. Pero no a una cualquiera. Se trataba de una residencia en la que la especialidad eran los enfermos de Alzheimer. Contaba con un personal totalmente cualificado para ello y disponible todos los días del año y durante las 24 horas. El lugar se llamaba Benviure y, según pudimos ver en su página web (www.benviure.com), también contaba con las mejores innovaciones tecnológicas para el tratamiento.

Desde luego, era la mejor posibilidad que teníamos para tratar de combatir la enfermedad y evitar que siguiera creciendo y devorando los recuerdos de mi madre. Por tanto, y después de haber contactado con el director de la residencia, decidimos que la trasladaríamos allí. A pesar de que tanto nosotros como nuestros hijos iban a acudir a visitar de manera diaria, no resultaba una decisión fácil. Pero era necesaria. Y mucho.

Una decisión salvadora

Son pocos los meses que mi madre lleva viviendo en la residencia Benviure, pero los tratamientos a los que está siendo sometida están dando sus frutos. Hasta el momento, los efectos del Alzheimer se han visto reducidos. Ella sigue recordando las mismas cosas que cuando llegó y, además, los cuidados que está recibiendo son de primera calidad. Eso nos deja muy tranquilos y nos hace ser optimistas de cara al futuro, cosa que a pesar de todo no es fácil en una situación como esta.

Cada día, cuando vamos a verla, intenta dejarnos tranquilos a todos al decirnos que está bien. Nosotros lo sabemos. Desde la residencia nos comentan la evolución de la enfermedad y cómo son los cuidados a los que mi madre tiene acceso. Todo está muy personalizado y goza de una excelente calidad y eso nos hace pensar que podremos disfrutar de ella durante el máximo número de años posible.

Es cierto que el futuro es incierto y que una enfermedad como el Alzheimer condiciona a las personas hasta el mismo momento de su muerte. Sin embargo, sabemos que la decisión que tomamos de trasladar a nuestra madre hasta la residencia ha terminado siendo la decisión que le ha permitido seguir estando bien y manteniendo su calidad de vida a un nivel muy parecido al que solía tener antes del traslado. Un verdadero milagro.