Las casualidades más increíbles del mundo

Las casualidades más increíbles del mundo

Hace unos días me apunté a DCH (Organización Internacional de Directivos de Capital Humano), cuyo principal objetivo es desarrollar toda el área concerniente al ámbito directivo de capital humano en organizaciones y asociaciones. Para ello, facilita el intercambio de experiencias entre directivos de Capital Humano de diferentes países e informa, a todos sus miembros, sobre cualquier iniciativa o noticia relacionada con los Recursos Humanos. Aquí hay jornadas, jornadas, seminarios y actividades, donde estoy conociendo a gente de lo más interesantes. Pues bien, en un receso de una de estas jornadas, tuve una entretenida charla en la cafetería con varios de mis compañeros acerca de las casualidades más increíbles del mundo que ahora os contaré.

Y es que la mayoría de los seres humanos creemos que todo sucede por algo, que todo tiene un porqué. Por eso, cuando la casualidad aparece en nuestras vidas tenemos la sensación de estar manejados por una fuerza superior que escribe nuestro destino. ¿Cuántas veces pensaste en una persona y, acto seguido, te la encontraste? ¿Has notado que te persigue un número? ¿Crees que la buena o la mala suerte están condicionadas por nuestro comportamiento? ¿Qué significan las coincidencias? ¿Encierran tal vez un mensaje sobre nuestro destino?

La indeterminación, el azar, la suerte podrían ser elementos de una fuerza mayor, insondable e incomprensible para nuestra mente mortal que se manifiesta en forma de coincidencias. Las coincidencias son tan frecuentes, que la sabiduría popular ha inventado numerosos refranes para describirlas: “hablando del rey de Roma, por la puerta asoma”, “no hay dos sin tres” o “el mundo es un pañuelo”. Pero ¿cómo se explican de una forma lógica? Cuando se analizan las sorprendentes coincidencias que ocurren en el mundo, uno se pregunta si todo está “predestinado”, ¿hay un plan superior, una intencionalidad? ¿Acaso no somos libres? ¿Existe el destino? Si es así, ¿hasta qué punto nuestras decisiones pueden variarlo? ¿Qué papel juegan las coincidencias en los acontecimientos venideros? En un libro que me leí para ahondar sobre esto, Más coincidencias imposibles, se intentan acercar al lector algunas respuestas a estos hechos. Las coincidencias, la sincronicidad o las serendipias científicas nos obligan a cambiar nuestra  percepción del universo y de las leyes inmutables que hasta ahora creíamos que lo regían.

Nombres que se repiten

El tema de la identidad es importante, no sólo porque puedas terminar incinerado en lugar de otro, o encarcelado por confusión o vivir una vida que no te corresponda, sino porque, a tenor de los conocimientos que tanto la física cuántica como la psicología transpersonal nos proporcionan, se diría que existe un nexo entre ciertos nombres e identidades, unos lazos invisibles e inquietantes que pueden determinar tu destino. Un ejemplo: en la década de los  años veinte, tres ingleses que viajaban por separado en tren por Perú coincidieron en un mismo vagón. Empezaron a charlar y descubrieron con asombro que el apellido del primero era Bingham, el del segundo era Powell y el tercero se llamaba Bingham‐Powell. Ninguno de ellos estaba relacionado de ninguna manera.

Dos Harry Potters

Hay coincidencias significativas como la que se produjo cuando un jardinero que trabajaba en la parte trasera de la iglesia de San Lorenzo, en Yorkshire (Inglaterra), descubrió por casualidad, al remover unas malezas, la tumba de un joven que había muerto a los veintinueve años de edad, el 13 de abril de 1919. Al leer el nombre del fallecido el operario dio un respingo y, después, no pudo evitar sonreír y, más tarde, sacar una fotografía a la lápida con su móvil. El difunto se llamaba Harry Potter. La cosa no terminó aquí. El jardinero fue corriendo a ver al párroco para darle a conocer su hallazgo, esto es, que una lápida con el nombre del aprendiz de brujo más famoso del mundo había estado oculta hasta entonces, desde el siglo pasado. Lo curioso es que el cura de San Lorenzo se llama Richard Rowling, es decir que su apellido coincide con el de la  famosa escritora de la saga de Harry Potter, Joanne K. Rowling quien, pese a ser británica (concretamente de Yate, South Gloucestershire), no tiene parentesco alguno con el párroco de Yorkshire.

Casualidades en serie

La “Ley de la serialidad” (definida por Kammerer) afirma que las coincidencias se producen en serie. Un ejemplo: el 5 de diciembre de 1664, un navío que surcaba el estrecho de Menay, en el mar de Irlanda, naufraga. Sesenta fallecidos y un superviviente: Hugh Williams. Más de un siglo después, otro 5 de diciembre, pero de 1785, otro barco se hunde en el mismo lugar y, nuevamente, hay un único superviviente que se llama, también, Hugh Williams. Veinticuatro pasajeros más perderán la vida en las mismas aguas el 5 de agosto de 1820 después de que su velero se perdiera. Sólo uno salvará su vida: un hombre llamado ¡Hugh Williams! Es evidente que llamarse Hugh Williams actúa como talismán si tienes que surcar las aguas del mar de Irlanda.